
▲ Saliendo de Tokio, a una cita con un mar de flores y fuegos artificiales a principios de otoño. Partiremos, dejando atrás el horizonte de hormigón y acero, para dirigirnos a Ibaraki, donde la brisa marina y los campos de flores nos acompañarán, y luego nos encontraremos con los fuegos artificiales a orillas del río Tone. Este es un viaje del día a la noche, y también un entrelazado de tranquilidad y fervor.


▲ Parque Costero de Ibaraki (entrada no incluida) A principios de otoño, el parque pierde el bullicio del verano y gana un aire de tranquilidad y suavidad. Los campos de flores siguen siendo coloridos, mientras la brisa marina acaricia los extensos prados y las flores en plena floración. Los colores se difuminan bajo el sol como en un cuadro al óleo, invitando a los visitantes a reducir el ritmo y disfrutar del momento.


▲ El Festival de Fuegos Artificiales del Río Tone Al caer la tarde, la noche y el frescor llegan juntos. La orilla del río se llena poco a poco de voces, mientras las luces y las ondas del agua se entrelazan en una espera serena. Los fuegos artificiales ascienden desde la superficie del río, desplegando destellos brillantes en el cielo otoñal. Cada explosión parece ser una nota tierna escrita para esta estación.

▲ En la brisa de la noche otoñal, regresé a Tokio en coche. Las luces fuera de la ventana se alejaban poco a poco, mientras que los colores del mar de flores y el resplandor de los fuegos artificiales seguían fluyendo silenciosamente en mi corazón, convirtiéndose en un recuerdo digno de atesorar este otoño.







