El santuario panhelénico de Delfos, donde hablaba el oráculo de Apolo, era el lugar del omphalos, el "ombligo del mundo". Combinándose armoniosamente con el impresionante paisaje y cargado de significado sagrado, Delfos en el siglo VI a.C. era efectivamente el centro religioso y símbolo de unidad del mundo griego antiguo.