Es una excursión de día completo, con un recorrido de ida y vuelta de 14 km y aproximadamente 3 horas de caminata en la subida, con pendientes pronunciadas que se alternan con partes llanas.
Es una actividad de dificultad media, para la que necesitas una buena condición física; no hace falta ser atleta, pero sí mantener un ritmo constante.
Una vez terminada la subida, llegamos a la laguna de los témpanos, donde se puede ver el glaciar al fondo.
El glaciar está en retroceso, por lo que siempre se ven formaciones diferentes en el hielo.
Durante los meses de invierno, las cuevas de hielo nos ofrecen un espectáculo único y mágico. Cuando llega la primavera, seguimos visitando la pared frontal del glaciar y, si la nieve lo permite, el hielo se muestra en todo su esplendor. La laguna se convierte en un escenario cambiante, donde la nieve, el agua y el hielo se mezclan en tonos celestes y turquesa que hipnotizan la mirada. Con el deshielo, el paisaje se transforma cada día. A partir de esta estación, ya no entramos en las cuevas, porque su interior se vuelve inestable y peligroso.
Durante la temporada de verano, cuando toda la nieve se derrite de la montaña, hacemos un mini trekking por el glaciar con grampones.