Sube a la torre para admirar el paisaje nocturno, cuando el crepúsculo envuelve el perfil de la capital sagrada, las linternas del palacio se encienden una a una. Los aleros dorados brillan en el juego de luces y sombras, ante tus ojos se despliega un espectáculo de resplandor, la majestuosidad del banquete nocturno de la gloriosa dinastía Tang se despliega por completo en este momento.
Vístete con el hanfu y sumérgete en la elegancia tradicional: el ruqun con ramas de loto bordadas cae con gracia, mientras que la túnica de cuello redondo con ribetes luce impecable. Al cruzar miradas con los "habitantes de la dinastía Tang" que te rodean, cada paso te transporta al bullicioso esplendor de la era dorada Tang.
Los dulces Tang despiertan los recuerdos del esplendor de la dinastía Tang en la punta de la lengua, con un regusto prolongado. Acompañados de pasteles con patrones inspirados en los diseños Tang, dulces y suaves sin resultar empalagosos. Esta elegancia que atraviesa mil años sumerge cuerpo y alma en la serenidad de aquella época.